16 de junio de 2024

HUGO LAZZARINI.MI VIDA, SEGUN LA MUSICA

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HUGO LAZZARINI.MI VIDA, SEGÚN LA MÚSICA

La música nos acompaña siempre, en todos los momentos de la vida…es un complemento de nuestros sentidos que nos hace alegrarnos, ponernos eufórico o melancólicos…. a veces no la percibimos con atención y otras, nos hace bailar o cantar.

No tuve una infancia musical. En mi casa se escuchaba la radio pero con muy poca música, sin embargo salí atado a todas las artes. Mi abuelo paterno, Tomás (del cual heredo también las habilidades para el dibujo y la pintura) era trompetista.

ACOMPAÑANDO A CAYETANO SILVA

Acompañó a Cayetano Silva, el compositor de la Marcha de San Lorenzo, a interpretar tan afamada canción en Venado Tuerto, en el año 1901. Mi padre nunca cantó nada y mi madre, a veces tarareaba tangos y milongas cuando bordaba en la máquina de coser y estaba feliz.

Cayetano_Silva
Cayetano_silva

En la escuela, la señora Leticia, nos ponía en rueda para entonar las estrofas del Himno, marchas escolares y uno que otra canción nativa.

En algunos actos escolares, formamos un dúo criollo con Arturo Tucho Eberhard, mi primer gran amigo; él a la guitarra y primera voz y yo con bombo y acompañamiento.

ESOS VIAJES A SANTA FE

Continuamos ambos, a los doce o trece años a estudiar guitarra y viajábamos una vez a la semana a Santa Fe a lo de un afamado profesor Yebra, a perfeccionar música y contrapunto, terminando al tiempo, después que mi padre me compró una guitarra, para compartir algunas canciones en fiestas familiares.

En la adolescencia pueblerina, nos acercábamos a las viejas radios a transistores para escuchar los hits de moda y bailar al compás de los Wincofón con discos de pasta.

Nos deleitábamos con los vernáculos chicos del Club del Clan, los cantautores europeos, especialmente italianos, luego españoles y posteriormente los peludos conjuntos de rock ingleses y yanquis, al compás de la extraordinaria revolución musical de los Beatles de los años 60.

ALGO IMPENSADO, OCURRE

Pero algo ocurrió a los quince años (y lo conté en “Mi vida, según los libros”) que cambió mis gustos musicales, así como esos amores que irrumpen en la vida de manera fortuita, nunca olvidaré una noche de domingo en el Liceo.

Por entonces, cuando llegábamos de algún fin de semana y estando en tercer año, un cadete rosarino, Gastón de nombre, comentaba a viva voz… “Inmejorable!!!.. bellas mujeres, bellos autos, paisajes hermosos y un tipo macanudo”…se trataba de “Dedos de oro”…y eso fue un amor a primera vista.

DANZA CON LOBOS
DANZA CON LOBOS

DE RUSIA CON AMOR

A las pocas semanas fui al viejo cine Ideal, de Santa Fe y vi el final de “De Rusia con amor” e inmediatamente, “Doctor No” y continuadamente “De Rusia con amor” y no me aparté jamás de 007.

COMIENZA LA COLECCION

Con el afán de tenerlo todo, me apasioné por su música, por su autor y desde entonces a la par de los libros, comencé a coleccionar todo tipo de bandas de sonido y música de cine, casi como una obsesión. En esos días, año 1968, aunque no tenía ningún equipo de música aún, compré mi primer LP (Larga Duración o Long Play) “Sonidos que hicieron famoso a James Bond” y compartí con Tucho (que ya tocaba el bajo en la orquesta Olimpo), la música de John Barry.

UN OBSEQUIO IMBORRABLE

A los años siguientes y estando en primer año de la Facultad de Arquitectura, para mi vigésimo cumpleaños, el 7 de agosto de 1968, Tucho y su novia Marian me obsequiaron la primera Banda de Sonido: “007 Sólo se vive dos veces” y al tiempo compré por correspondencia un cofre conteniendo cinco discos denominado “Luz, cámara, música”.

A los meses, y como retribución de algunos dibujos, este mismo amigo me regaló el cuarto disco de mi colección: “007 Operación Trueno”.

AMOR, AMOR, AMOR

A fines del año 1969 llegó el amor…Conocí a mi esposa y con ella el cine y la música de “Romeo y Julieta”. Para el cumpleaños número veintidós, el primer regalo de Carmencita, de tantos que año a año sería una constante hasta hace muy poco: “007 Al Servicio Secreto de su Majestad”… y luego no me detuve más.

Con cada peso de ahorro que obteníamos, comprábamos, cada tanto, una nueva Banda de Sonido, hasta llegar al número 13, días antes del casamiento, en enero del ´72.

UN WINCO TE ACOMPAÑA

Teníamos un pasadiscos monoaural Winco, color gris, regalo de casamiento y que era nuestro mayor tesoro. Al cabo de unos meses, nos obsequiaron un apreciable equipo de música que trajimos desde Rosario y años después, adquirimos uno muy considerado, con parlantes de casi un metro de porte, que sonaba magníficamente, especialmente los graves, haciendo retumbar los vidrios y muebles.

Para el 7 de agosto del ´72 ya sumaban 21 discos y hoy llegan casi al millar quinientos, incluídos los formatos CD.

HABLANDO DE VIAJES

A lo largo de los años, en cada viaje, por Argentina, América o Europa, era muy común acarrear numerosos discos, de considerable peso y pasarlos por los scáner de las Aduanas.

Posteriormente descubrí la facilidad de comprar en el extranjero por correo internacional y desde hace algunos años, la posibilidad de grabarlos por Internet, gracias a los oficios de unos amigos.

LLEGA LA WEB

De esta manera conseguí verdaderos tesoros musicales, copias inéditas, antiguos lanzamientos y las últimas novedades, elegidas conscientemente según mi gusto no muy ecléctico.

Entre los más preciados, puedo citar varios casos. En uno de los primeros tours a Europa, recuerdo que viajábamos en un colectivo turístico. Al pasar por el centro de la ciudad de Brujas, en Bélgica, divisé sorprendido en la vidriera de una disquería, destellante, esa pieza que buscaba desde decenas de años.

Se trataba de “El León en Invierno” de John Barry y ganadora del Oscar de ese año como Mejor Banda de Sonido (nunca se editó en Argentina), hice detener el colectivo de manera abrupta, me lancé al negocio y ascendí luego de un rato, con el sobre en la mano.

Mi esposa, roja de la vergüenza dio las explicaciones del caso, mientras que radiante de felicidad me disculpaba en medio de los aplausos que disimularon un disgusto generalizado.

En otra oportunidad, en los estantes de una Feria de Juegos del Colegio Don Bosco, aparecía el LP “Soñar, soñar”; me concentré de tal manera que obtuve el premio deseado y el disco pasó a formar parte de la colección con el número 121…

CUALQUIER COSA, EN CUALQUIER LUGAR

Cada vez que atravesaba una tienda de discos, en cualquier parte del mundo, me invadía una emoción y avidez indescriptible y con urgencia rasgaba las bateas hasta encontrar los títulos que me gustaban. Al caso, debo agradecer a mi mujer, una vez más, las interminables horas sumadas en estas búsquedas.

En varias oportunidades sufrimos robos en nuestro hogar. Cierto día entraron al estudio y sustrajeron el equipo de música, entre otras cosas, pero lo que más sentí es que se llevaron el CD importado que estaba en su interior: “Alejandro”, urgentemente lo repuse vía internet

CHORROS MELOMANOS

En otra oportunidad, del automóvil, robaron el equipo de sonido, aunque con más suerte esta vez. Me dejaron junto a los cables degollados, el CD “Danza con lobos”, también importado. Mal gusto de los ladrones, buscaban sólo cumbias, que por supuesto, nunca tuve.

Miles y miles de melodías…suaves, rimbombantes, cantadas, instrumentales, sinfónicas o sutiles… Pero de todas ellas, una perla, la más hermosa canción entre todas.

UN HIMNO AL AMOR

Fue elegido como nuestro himno de amor, porque suena desde casi cincuenta años: “Tenemos todo el tiempo del mundo”, el tema romántico de “007 Al Servicio de su Majestad”, en sus tres versiones: melódico, sincopado y cantado por Louis Armstrong y compuesto por John Barry, por supuesto.

De más está aclarar que es este autor, el maestro musical que más admiro y amo; mi gran amigo, permanente dador de felicidad…ya está en el cielo (fallecido el 30 enero de 2011) pero siguen sus compases alegrándome la vida, eternamente. De él tengo 167 títulos, prácticamente su filmografía completa. ( algunas no editadas)

CAPITULO APARTE, LA MUSICA DE CINE

La Música de Cine es un género relativamente nuevo que nació junto con el arte cinematográfico y está emparentado con la ópera y la música clásica. Con los años, se le incorpora el canto, según la temática de la obra y puede ser incidental (de fondo para acentuar acciones, estados de ánimos, diálogos, tiempos, etc) o característica, para agregar canciones o temas centrales.

Es un arte muy difícil porque debe captar la esencia de la película, acertar con los tiempos narrativos, coincidir con las acciones sin perder la melodía.

También, ilustrar los modos, sonidos y costumbres musicales de la época (aún con instrumentos arcaicos o triviales) y transmitir una melodía o leiv motiv que la identifique, dentro del film y fuera, como recordatorio o propagación de la cinta, a la cual se bebe subordinar, aunque muchísimas veces, toma la primacía y resulta más popular y bella que el destino original.